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El dolor sin nombre: fibromialgia y el legado freudiano de la histeria, una lectura psicoanalítica

Introducción: cuando el cuerpo dice lo que la boca calla

La fibromialgia es una de las condiciones clínicas más desafiantes de la medicina contemporánea. Caracterizada por dolor crónico generalizado, fatiga persistente, sueño no reparador y lo que los pacientes describen como “niebla mental”, el síndrome afecta entre el 2,5% y el 5,5% de la población brasileña, siendo la segunda enfermedad reumatológica más común del país. En Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS) amplió recientemente las directrices para el tratamiento de la fibromialgia, reconociendo la necesidad de un abordaje multidisciplinario que incluya no solo el manejo farmacológico, sino también el acompañamiento psicológico y emocional.

Pero hay algo en la fibromialgia que la medicina moderna suele descuidar: su profunda semejanza con los cuadros clínicos que llevaron a Sigmund Freud a fundar el psicoanálisis a finales del siglo XIX. Se trata de una condición en la que el dolor existe, es real, intenso e incapacitante, pero no hay inflamación, no hay lesión anatómica, no hay deformidad. El cuerpo sufre, pero los exámenes no encuentran la causa. Es precisamente aquí donde la historia de la fibromialgia se entrelaza con la historia de la histeria, y es aquí donde el psicoanálisis ofrece una vía de escucha que la medicina tradicional, por sí sola, no logra recorrer.

La fibromialgia: definición, prevalencia y el enigma del diagnóstico

Según la Sociedad Brasileña de Reumatología, cerca del 3% de la población brasileña tiene fibromialgia, y de cada diez pacientes, entre siete y nueve son mujeres. El síndrome se manifiesta principalmente en mujeres de entre 30 y 50 años, aunque también puede afectar a hombres, personas mayores, adolescentes y niños. Los síntomas incluyen dolor generalizado y recidivante, fatiga, falta de disposición, dificultad para mantener un sueño profundo, síndrome del colon irritable, hipersensibilidad a estímulos ambientales, cefalea y trastornos emocionales y psicológicos.

La causa específica de la fibromialgia sigue siendo desconocida. Se sabe que los niveles de serotonina son más bajos en las personas con la condición y que los desequilibrios hormonales, la tensión y el estrés pueden estar implicados en su aparición. El diagnóstico es clínico, basado en la historia del paciente y en la exclusión de otras enfermedades, ya que no existen marcadores de laboratorio o de imagen que confirmen el síndrome.

Esta ausencia de sustrato anatómico verificable es lo que acerca la fibromialgia a una cuestión que Freud enfrentó más de un siglo antes: ¿cómo tratar un sufrimiento que el cuerpo expresa, pero que la anatomía no explica?

Freud y la histeria: el nacimiento de la escucha psicoanalítica

A finales del siglo XIX, la histeria era uno de los trastornos más comunes en los consultorios médicos europeos. Se caracterizaba por síntomas como parálisis, anestesias, convulsiones y dolores que no correspondían a ninguna lesión anatómica identificable. Los pacientes presentaban déficits pseudoneurológicos que eran genuinos, pero no estaban relacionados con ninguna enfermedad orgánica conocida.

Fue justamente esa “incoherencia anatómica” la que desafió a la medicina de la época y atrajo la atención de Freud. En Estudios sobre la histeria (1895), escrito en colaboración con Josef Breuer, Freud demostró que el síntoma histérico no era el negativo de lo orgánico, es decir, no se trataba de una simulación ni de una debilidad moral, como muchos creían. Al contrario, el síntoma histérico era la expresión simbólica de una idea o memoria traumática que había sido reprimida y que emergía en el cuerpo como forma de comunicación.

Freud teorizó que el afecto ligado a la idea reprimida era “convertido” en síntoma físico, de ahí el término “histeria de conversión”. El cuerpo se convertía así en un escenario donde el inconsciente representaba aquello que la conciencia no lograba elaborar mediante la palabra.

La hipótesis de la continuidad: ¿la fibromialgia como histeria contemporánea?

Diversos estudios brasileños han explorado la hipótesis de que la fibromialgia representa una forma contemporánea de la histeria descrita por Freud. Un estudio comparativo entre el cuadro clínico contemporáneo “fibromialgia” y el cuadro clínico “histeria” descrito por Freud en el siglo XIX sostiene que los sujetos diagnosticados con fibromialgia son, en realidad, pacientes que presentan síntomas histéricos. Otra investigación, publicada en la Revista de Psicossomática Psicanalítica, revisa la literatura sobre la relación entre fibromialgia e histeria, sugiriendo que la fibromialgia puede entenderse como una forma contemporánea semejante a la histeria freudiana.

La semejanza no es solo sintomática, sino también histórica. En el siglo XIX, la histeria era considerada una “enfermedad por representación”, un sufrimiento que se inscribía en el cuerpo sin correspondencia anatómica. Hoy, la fibromialgia ocupa un lugar análogo: es una condición reconocida por la Organización Mundial de la Salud desde 1992, pero que aún suscita controversias en el campo de la salud y permanece en proceso de “encuadre”.

La historiadora Danielle Fialho, en un artículo publicado por Fiocruz, observa que la fibromialgia “parece estar próxima al campo de la psiquiatría y/o la psicología”, y que tanto los pacientes como el discurso médico señalan la depresión como un síntoma importante asociado al síndrome. Esta proximidad con el campo psíquico no es casualidad: es una invitación a retomar la escucha que Freud inauguró.

La escucha psicoanalítica del dolor: del síntoma a la palabra

El tratamiento psicoanalítico de la fibromialgia parte de un principio fundamental: el dolor no es solo un fenómeno neurofisiológico, sino también una experiencia subjetiva atravesada por el lenguaje. Como observa el psicoanalista Santiago Castellanos, la fibromialgia se sitúa en una “zona de frontera” entre el cuerpo y el lenguaje, un territorio donde “se anudan cuerpo, dolor y subjetividad”. No se trata de oponer cuerpo y mente, sino de reconocer que entre ambos hay un anudamiento, un nudo, que el psicoanálisis puede ayudar a desatar.

El abordaje psicoanalítico no pretende “erradicar” el dolor a toda costa, sino permitir que el sujeto pueda pasar del dolor al sufrimiento, es decir, que el dolor encuentre un lugar en la economía psíquica, que pueda ser dicho, elaborado y, eventualmente, transformado. El psicoanalista no promete la cura de la fibromialgia, pero ofrece una escucha que posibilita al paciente construir un saber sobre su propio dolor.

Investigaciones brasileñas han estudiado la eficacia de la psicoterapia de orientación psicoanalítica en el tratamiento de la fibromialgia. Un estudio apoyado por la FAPESP acompañó a pacientes con diagnóstico de fibromialgia en psicoterapia dos veces por semana durante tres años, investigando los efectos del tratamiento psicoanalítico sobre el dolor crónico. Otra investigación, fundamentada en la teoría psicoanalítica, realizó diez sesiones de intervención psicoterapéutica con pacientes fibromiálgicas, obteniendo resultados prometedores en la elaboración del sufrimiento.

Tratamiento de la fibromialgia con psicoanálisis: un abordaje integrador

El tratamiento de la fibromialgia exige cuidados multidisciplinarios. Las directrices del SUS recomiendan el uso de analgésicos y antiinflamatorios asociados a antidepresivos tricíclicos, actividad física regular, masajes y acupuntura, además del acompañamiento psicológico y emocional. El psicoanálisis se inserta en este último eje, pero con una especificidad: no se trata de una terapia de apoyo ni de un entrenamiento de habilidades, sino de una escucha del inconsciente que busca el sentido del síntoma en la historia singular de cada sujeto.

El tratamiento psicoanalítico de la fibromialgia parte de la premisa de que el dolor, cuando no encuentra palabras, encuentra el cuerpo. La tarea del análisis es, por lo tanto, restituir al dolor su dimensión de lenguaje, permitir que el paciente pueda hablar de aquello que el cuerpo grita. No se trata de negar la realidad del dolor, sino de reconocer que también es un mensaje dirigido al Otro, una forma de dirección que el psicoanálisis puede acoger.

La psicoanalista francesa Stéphanie Hertzog, que investigó la resistencia terapéutica en la fibromialgia, demostró que muchos pacientes no obtienen alivio del dolor a pesar del tratamiento médico convencional. El psicoanálisis ofrece, en esos casos, una vía alternativa: en lugar de insistir en la eliminación del síntoma, propone escucharlo, comprenderlo en su función económica y libidinal, y abrir la posibilidad de una elaboración psíquica que la medicina, por sí sola, no alcanza.

Curiosidades: lo que quizá no sabías sobre la fibromialgia y Freud

1. El término “fibromialgia” es reciente, pero el dolor es antiguo. La primera mención de un dolor generalizado asociado al “reumatismo muscular” data de 1815, cuando William Balfour, de la Universidad de Edimburgo, describió nódulos en el “músculo reumático”. El término “fibrositis” fue acuñado por Sir William Gowers en 1904, y solo en 1976 pasó a llamarse “fibromialgia”.

2. Freud nunca usó el término “fibromialgia”, pero describió algo muy parecido. En Estudios sobre la histeria, Freud relata el caso de Elisabeth von R., una joven que sufría dolores en las piernas que no tenían causa orgánica identificable. El tratamiento consistió en hacer hablar a la paciente, asociar libremente y reconstruir la historia traumática que se inscribía en el cuerpo. Elisabeth se recuperó, no porque el dolor fuera “curado”, sino porque encontró palabras para lo que antes solo el cuerpo decía.

3. La fibromialgia afecta más a mujeres, y eso también ocurría con la histeria. De cada diez pacientes con fibromialgia en Brasil, entre siete y nueve son mujeres. En el siglo XIX, la histeria era considerada una enfermedad típicamente femenina. Esta superposición no es accidental: ambos cuadros apuntan a la necesidad de pensar la relación entre cuerpo, género y sufrimiento psíquico.

4. La OMS reconoció la fibromialgia en 1992, pero el debate continúa. La fibromialgia es una enfermedad que aún está en proceso de “encuadre”, en el sentido del concepto de C. Rosenberg, pues suscita controversias en el campo de la salud. Algunos médicos dudan de su realidad; otros la tratan como una condición puramente psicosomática. El psicoanálisis ofrece una tercera vía: ni negar el dolor ni reducirlo a lo psíquico, sino escucharlo en su complejidad.

5. La fibromialgia ha sido llamada “enfermedad emblemática de los síntomas médicos inexplicados”. La historiadora Danielle Fialho observa que el dolor es simultáneamente individual y socialmente aprendido: cada cultura posee una comprensión sobre las sensaciones dolorosas que difiere en el espacio y en el tiempo. La fibromialgia, en este sentido, es también un fenómeno cultural, una forma contemporánea de expresar un sufrimiento que el lenguaje disponible no logra nombrar.

Consideraciones finales: el psicoanálisis como escucha de lo imposible

La fibromialgia nos coloca ante un enigma que Freud enfrentó hace más de un siglo: ¿cómo tratar un sufrimiento que el cuerpo expresa, pero que la medicina no logra explicar? La respuesta que ofrece el psicoanálisis no es la de la eliminación del síntoma, sino la de la escucha de su mensaje. No se trata de negar el dolor, sino de reconocer que el dolor también habla, y que, al hablar, puede transformarse.

Como observa Castellanos, entre el cuerpo y el lenguaje hay una zona de frontera, un territorio por recorrer, donde “se anudan cuerpo, dolor y subjetividad”. Es en ese territorio donde opera el psicoanálisis. No para curar la fibromialgia, sino para ofrecer al sujeto la posibilidad de construir un saber sobre su propio dolor y, quién sabe, encontrar otra forma de habitarlo.

Si Freud comenzó el psicoanálisis escuchando a mujeres histéricas que sufrían dolores sin explicación, tal vez la fibromialgia sea, hoy, una invitación a retomar esa escucha. No para repetir el pasado, sino para inventar, en el presente, una clínica que haga justicia a la complejidad del sufrimiento humano.

Referencias

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